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El nuevo juego comercial tiene puntos oscuros

El nuevo pacto comercial de América del Norte tiene disposiciones que afectan a varios sectores del país y al comercio con el resto del mundo.

A lo largo de la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), que derivó en un nuevo acuerdo comercial sobre el cual no hay consenso todavía para su nombre en español (aunque el gobierno mexicano anunció que será T-MEC), las autoridades repetían constantemente que era mejor para el país no llegar a un arreglo que firmar un pacto que resultara nocivo para los intereses nacionales. Luego de más de un año de pláticas, México y Estados Unidos, y semanas más tarde Canadá, acordaron el USMCA (United States, Mexico and Canada Agreement).

“Las condiciones están dadas para que la economía mexicana siga creciendo”, afirmó el presidente Enrique Peña Nieto tras la inclusión de Canadá en el acuerdo. “Si no se hubiese logrado habría mucha incertidumbre”, secundó el presidente electo Andrés Manuel López Obrador, dando su respaldo al largo y complicado proceso de negociación. Los mandatarios de Estados Unidos y Canadá, Donald Trump y Justin Trudeau, también aplaudieron el nuevo pacto comercial.

Sin embargo, tras la finalización de las negociaciones y la publicación del texto acordado por los tres países, aumentan la voces que señalan que el USMCA no es un mejor acuerdo que el TLCAN, genera efectos negativos en varios sectores clave y que, contrario a lo que han afirmado los funcionarios del gobierno actual y el entrante, en realidad se hizo lo que se pudo.

“Conseguimos el mejor acuerdo que podíamos tener”, aseguró recientemente Moisés Kalach, representante del sector privado mexicano en el llamado Cuarto de Junto. “Ningún arreglo de esta naturaleza es perfecto y siempre hay quienes no quedan del todo satisfechos, es normal, lo que creemos es que el acuerdo conseguido es positivo”.

Kalach mencionó que uno de los primeros sectores en mostrar su desacuerdo con el resultado de la renegociación fueron los transportistas mexicanos. A través de un comunicado, la Cámara Nacional del Autotransporte de Carga (Canacar) acusó que en el nuevo acuerdo comercial el gobierno estadounidense continúa con las restricciones para que los camiones mexicanos ingresen a su territorio. Se trataba de una de las modificaciones más esperadas por parte de ese sector, que en diversas ocasiones ha librado sin mucho éxito batallas legales para buscar una mayor apertura de Estados Unidos al libre tránsito de los transportes de carga nacionales.

“No estamos a favor de que en las disposiciones del TLC no haya reciprocidad entre socios comerciales, en el momento en que EU decide reservarse el derecho a cancelar los permisos de largo recorrido de camiones de carga que ya ha entregado y no dar más”, señaló el organismo gremial en su escrito. “Lo que es peor, México no aplicó una medida similar para los transportistas de EU”.

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A los ojos de Canacar, el USMCA no es un TLCAN 2.0 sino un retroceso en la manera de comerciar con el mercado más grande del mundo, pese a que se demandó a los negociadores mexicanos que se consiguieran mejoras respecto de lo que estaba contenido en el acuerdo anterior o, por lo menos, no se aceptaran peores condiciones. “No podemos entrar a EU, lo que va en contra del libre comercio que limita el crecimiento de un sector. Estamos en contra de acuerdos que vulneran de nueva cuenta a nuestro sector, como sucedió en el caso de la mensajería y paquetería en 1995”, añadió el organismo en su escrito.

Enrique González, presidente de Canacar, explicó en una entrevista televisiva para El Financiero Bloomberg que la posibilidad de cancelación de los permisos de largo recorrido para los camiones de carga mexicanos en Estados Unidos fue producto de la presión de los sindicatos y uniones de transportistas estadounidenses, conocidos como teamsters, y que los negociadores nacionales aceptaron sin conseguir algo a cambio.

“Expresamos nuestra inquietud, manifestamos a los negociadores de la Secretaría de Economía esta situación y dimos las consecuencias que puede haber, no solo para nuestro sector sino para la industria nacional”, insistió González. “Planteamos con argumentos, pero desgraciadamente no se pudo hacer ya nada”.

Tras ese revés en la negociación, el sector de autotransporte de carga nacional asegura que una vez que entren en vigor las nuevas reglas del USMCA estarán en una clara desventaja frente a las empresas estadounidenses, sin que se pueda hacer mucho ya para revertir la situación.

Otro sector que podría verse afectado por el nuevo acuerdo comercial es el farmacéutico, que pese a que las autoridades en México aseguran que con las nuevas disposiciones el país podría volverse un hub de esa industria, hay señalamientos de que el USMCA encarecería los medicamentos debido a una disposición que incrementa de ocho a diez años la protección de las patentes de medicamentos conocidos como biológicos y que son ampliamente utilizados en el tratamiento de padecimientos como el cáncer, la artritis o la esclerosis múltiple. La ampliación del plazo de las patentes retrasará la salida de medicamentos genéricos, más económicos para los consumidores.

En una entrevista para El Financiero Bloomberg, Jesús Seade, el negociador de AMLO que se integró en la recta final de las discusiones, resaltó este tema como una de las principales derrotas del acuerdo. “Tenemos un par de resultados que son negativos: se hace un poco más difícil la producción de medicinas genéricas, es un poco más retrasado el proceso respecto de la medicina de referencia”, dijo. “Las patentes para este nuevo tipo de medicinas basadas en tejidos vivos, la biomedicina, en el TPP se acordaron para 5 años, con una posible extensión para 3 más, y aquí pensábamos lo mismo y quedó en 10 y es un área que vale cada año mil de millones de dólares”.

La medida también ha hecho ruido en Canadá, donde el consumo de los medicamentos biológicos es más extendido que en México. De acuerdo con un estudio de la Asociación Médica Canadiense, ese tipo de medicinas es el segmento de más rápido crecimiento en el consumo de los pacientes en ese país, con tratamientos que superan regularmente los 2 mil dólares anuales.

Por todas las puertas que el USMCA parece abrir en el comercio exterior para México, hay una disposición que cierra otras importantes, pues mueve las cadenas de suministro más hacia el interior de Norteamérica.

Las reglas de origen reforzadas, que establecen la cantidad de bienes y componentes que deben provenir de los tres países, se extienden a los productos químicos, una gama de productos de acero, vidrio y fibra óptica.

EU está promocionando disposiciones que limitan los componentes que no pertenecen a los tres países en textiles y prendas de vestir en forma bastante detallada como hilo de coser, tela de bolsillos, bandas elásticas angostas y telas recubiertas.

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Los autos llaman la atención, en parte porque algunas de las cláusulas parecen diseñadas para ganar apoyo, o al menos silenciar la oposición, de los demócratas y los sindicatos. Los requisitos de contenido local aumentan a 75 por ciento del 62.5 por ciento. Entre el 40 por ciento y el 45 por ciento de ese contenido debe ser producido por trabajadores que ganan un mínimo de 16 dólares la hora. Esto sólo puede significar un menor papel para Asia.

Restricciones similares al acero y al aluminio subrayan el efecto corrosivo de varias disposiciones.

“Para los proveedores de fuera del TLCAN, esto va a ser extremadamente problemático o incluso catastrófico”, escribió Deborah Elms, directora del Asian Trade Center. “Las órdenes se podrían cancelar completamente y no reemplazarse nunca”.

El contenido del nuevo TLCAN vincula más estrechamente a México con EU y profundiza la dependencia del país a la mayor economía del mundo. Por supuesto, un pacto comercial reformulado es mejor que el fin del acuerdo. Pero el pacto es mucho más que una relación comercial.

Un modelo nacional completo se ha basado en el bloque de 24 años de existencia. México está hipotecado diplomáticamente, así como comercial y económicamente. De alguna manera, es un mercado emergente vinculado al crecimiento de un país desarrollado y totalmente integrado en el tejido de la vida económica estadounidense.

México se vio bastante perjudicado por el ingreso de China a la Organización Mundial de Comercio (OMC), porque el país asiático competía en muchos de los mismos mercados de exportación que México, y por ello erosionó el estatus del país como uno de los principales productores con bajos salarios en el mundo.

Gracias al USMCA, la capacidad de México para diversificarse más allá de los clientes del norte se ve muy restringida. Las grandes tiendas departamentales mexicanas almacenan gran cantidad de productos hechos en China o ensamblados en México con componentes chinos. Es difícil ver que eso desaparezca, pero ahora también es complicado ver que crezca mucho más esa relación.

Hay voces altamente calificadas que ven en el USMCA varios puntos oscuros. Una de ellas es la de Manuel Sánchez, ex subgobernador del Banco de México (Banxico), quien en un texto publicado por El Financiero aseveró que el pacto logrado incrementa el proteccionismo. “Destacan las restricciones diseñadas especialmente para vulnerar a México”, escribió. “En el sector automotor, se estableció que al menos cuarenta por ciento del valor de los vehículos debe producirse con mano de obra cuyo salario sea de dieciséis dólares por hora o más. Al ser la remuneración media mexicana considerablemente menor, este requisito intenta desviar la producción hacia los socios ricos”.

Sánchez criticó que el límite para el uso de paneles regionales de resolución de controversias entre inversionistas y el Estado reduce la certeza en temas como la protección de los derechos de propiedad, sobre todo en nuestro país. Asimismo, las cuotas al crecimiento de las exportaciones de vehículos fabricados en México a EU y el impedimento para negociar con un país que Washington decida castigar, es un golpe para las aspiraciones comerciales nacionales.

“En suma, el USMCA es principalmente un tratado proteccionista, por lo que es posible que frene el impulso sobre el comercio y la inversión derivados del TLCAN”, resaltó.

Al acuerdo aún le queda pendiente la aprobación en los congresos de los tres países, aunque en México la perspectiva es positiva debido al aval que le ha dado el presidente electo y el control que mantiene su partido en el legislativo. Estados Unidos es otra historia por la cercanía de las elecciones intermedias que podría inclinar la Cámara de Representantes al lado demócrata, quienes pondrían lupa a algunos puntos del acuerdo. Aun así se antoja complicado que el USMCA no vea la luz también en Washington.

Como sea, México ya tiene su ansiado pacto trilateral que en las últimas dos décadas, bajo el nombre de TLCAN, le ayudó a impulsar significativamente sus exportaciones. Sin embargo, los puntos oscuros del nuevo USMCA hacen que el país tome una postura distinta y deje varias interrogantes abiertas sobre su futuro en materia comercial.

“México está tomando una postura en pro de la no globalización que tiene el gobierno de Trump, que hacia la proglobalización que tienen otros países en Asia”, aseveró Rafael López, experto en comercio internacional. “Estamos tratando de estar dentro de un bloque en vez de buscar estar en sintonía con el resto de los otros países del mundo”. 

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FUENTE: El Financiero.

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